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“Si me dieran a elegir entre diamantes y perlas

yo elegiría un racimo de uvas blancas y negras”

Nicanor Parra

 

Las uvas del éxito, un repaso por la vida de Mercedes Auris de Munive en Señora Vid (Grijalbo, 2026)

 

Los racimos del origen

 

La uva se come en la víspera del Año Nuevo con el afán de pedir deseos, también es el corazón de los vinos y piscos y, además, una de las frutas más queridas de las familias peruanas y de todo el mundo.

¿Quién puede olvidar el éxtasis que produce morder una uva? Sin embargo, cuando pensamos en temas de producción, seguro que muy pocos se imaginan cómo se mueve este producto dentro de la agroindustria nacional.

 

Sembrar el futuro

 

Según los cronistas, la uva llegó al Perú alrededor de 1522 a través de una Ordenanza. En 1538, llegó la cepa Listán Prieta (uva negra). Entre 1539 y 1541 se plantaron los primeros viñeros en Lima. A partir de ahí, empezó su expansión por la costa sur peruana…

 

Y desde sus orígenes llegamos a la obra Señora Vid (Grijalbo, 2026).

 

David Auris Villegas, columnista y profesor universitario, me mandó hace pocas semanas un ejemplar. He leído con admiración y asombro la lucha de doña Mercedes Auris de Munive. Entremos a los racimos del origen tan bien retratadas en su puño y letra: “No importa –manifiesta en la autora– de dónde vengas: importa hasta dónde estás dispuesta a llegar”.

 

Estamos ante su historia personal, sus combates por forjar un circuito de exportación nacional e internacional. Sus dudas, sueños, anhelos y triunfos hasta la construcción del Vivero Los Viñedos y el Fundo Bravo.

 


Ejemplo de mujer luchadora

 

De ser una niña que vivía en una casita en Castrovirreyna (Huancavelica) a ser una empresaria líder de la uva de mesa en el Perú pasaron muchos racimos y cosechas. Para Mercedes Auris la infancia fue una etapa de pruebas, esperanzas y luchas por afirmarse en su vocación de servicio.

 

Ya de pequeña, cuenta, era muy inquieta. Esa proactividad se refleja cuando rememora su contacto con la lectura: “Lo primero que hice fue aceptar la verdad: no sabía leer y tampoco sabía escribir (…) Esa tarde regresé pensativa a casa, y no paré de darle vueltas a la situación en la que me encontraba (…) Fue entonces cuando vi el Coquito de mi hermana menor Bertha (…) A partir de entonces, decidí aprender a leer por mi cuenta, recurriendo a los libros de mi hermana menor”.

 

Esta escena retrata bien la personalidad de la Señora Vid: temperamento resistente y de armas tomar, con una determinación singular pese a su edad.

 

Incluso, en otro pasaje, cuenta cómo sufrió y superó el bullying.

 

En 1972 llega la etapa decisiva de la universidad. Ingresa a la carrera de Agronomía en la Universidad San Luis Gonzaga. Siendo una de las pocas mujeres de su promoción, no desiste; al contrario, será la primera de la clase. Luego buscará ayuda en profesores, como César Medina, y colegas que le darán nuevas oportunidades; tanto en Ica, como a lo largo del todo el Perú.

 

Ya con el título universitario sigue adelante; sin detenerse, aprendiendo en el camino, con las palabras de su padre en mente: “Primero, tienes que terminar tu carrera. Luego, deben trabajar para otros y aprender con humildad sin mirar la hora ni el sueldo. Solo cuando hayan aprendido lo suficiente, podrán trabajar para ustedes mismos. Y, cuando sepan cómo trabajar, otros trabajarán para ustedes.” Por otro lado, la madre le brindó la enseñanza del trato humano, esa vocación de servicio.

 

En la década de los ochentas, en uno de sus trabajos en la selva, ya casada con el agrónomo Juan Munive Olivera, vivirá una de las partes más complicadas de su travesía: su experiencia en medio del conflicto entre los grupos armados y los militares.

 

La misma niña que aprendió a leer por su cuenta y obtuvo un título universitario destacado, será la que conduzca a su familia y amigos fuera del peligro.

 

Los esposos Mercedes Auris y Juan Munive

De Castrovirreyna a Europa

 

Sin cansarse, ágil, en el encuentro de nuevas oportunidades y abierta a lo inesperado, inicia el peregrinaje por Europa. Será una pasantía en España, donde vivirá gracias a la venta de unas joyas de plata y a la intempestiva ayuda de diversas amistades con las que se cruza en el camino, sin olvidar que su laboriosidad le abrirá todas las puertas.

 

Además de España, recorre diversos lugares, como Berlín o Puglia en Italia. No cesa: para ella, los países no son lugares turísticos, sino espacios donde conversar y aprender. Vive para un fin, estudia para una meta: quiere conocer todo el proceso de las plantas de la uva, entender los mecanismos que usan en Europa y, no contenta con ello, replicarlo en Perú. Así, el encuentro con doctos en el tema será vital para conocer de manera directa las nuevas técnicas de la cosecha (los injertos) y producción a gran escala de la uva en sus diversas versiones. En su visita al vivero Villanueva, afirma que “me sorprendió descubrir que allí se plantaban siete mil plantas de uva…”.

 

Allí donde se pensaba que era imposible plantar por millones hará saber que todo, con esfuerzo (y humildad), se puede conseguir.  Ella es una visionaria.

 

Con toda la ciencia agrónoma acumulada, en los siguientes años Mercedes Auris impondrá nuevos rumbos al cultivo de uva de mesa.

 

A inicios de los noventa, se desbordan las cifras: tiene un pedido de treinta y cinco mil plantas del ingeniero Jhonny Angulo. Entre 1994 y 1995, continúa con las asesorías a diversos productores de uva de mesa en Chincha; también trabaja con agricultores arequipeños y viaja a capacitarse a Chile. En este viaje conoce a Manuel Gandarías, agricultor de Copiapó, de quien adquiere unas cuarenta mil plantas de variedad Red Globe, asimismo variedades sin semillas como Thompson, Flame, Ruby, Red o Black. Mercedes Auris afirma que este fue el origen del boom de la exportación de uva de mesa peruana.

 

En 1997, conseguirá un lote resistente a los nematodos y filoxera. En 2000, a la cabeza del vivero Los Viñeros empezará a producir plantas de diversas variedades –Red Globe, Crimson y Thompson– a niveles macro.

 

Además, inicia trabajos con empresarios como los Nicolini o Victor Matta Curotto. En el 2005, se abren las puertas comerciales con China. En el 2007, se comienza el cultivo de la uva en una zona inédita: Piura. Además, principia a sembrar otras variedades, como alcachofas o cerezos en Arequipa.

 

En el 2010, inicia el Fundo Bravo, ya con uno de sus hijos (Juan José Munive) en la empresa. En el 2013, surge el vivero climatizo en Chincha; además, gracias a las patentes con la empresa Sun World, ingresa nuevas variedades como la Sweet Globe, Autum Crips y la Scarlotta.

 

En el 2023, la campaña es terrible. Sin embargo, en el 2024 el crecimiento es indudable; además celebran los treinta años del Vivero.

 

En el 2025, la Universidad Nacional San Luis de Gonzaga le otorga el Doctor Honoris Causa por su aporte a la agricultura y agro exportación. En todos estos años, Mercedes Auris no deja de participar en ferias en Alemania, Francia, España, Sudáfrica, Israel, Estados Unidos y Hong Kong.

 


Filosofía y legado de la Señora Vid

 

Con el Premio LEC (2017) en la categoría Empresa Mediana y el doctor honoris causa en la Universidad San Luis de Gonzaga, vale reflexionar cuál es el secreto de su éxito.

 

Y es que, detrás de toda su actividad por impulsar la uva de mesa, existe una filosofía de vida. Entre las reflexiones que podrían sintetizar su labor, encontramos una gran conciencia de las relaciones humanas que son, según la autora, el corazón de todo lo que hacemos: “El amor al prójimo no es un discurso bonito, sino un acto diario, silencioso y profundamente poderoso”.

 

Entre los verbos que mueven su sistema de trabajo encontramos una lista: servir, aprender, innovar, inspirar, compartir. Cada uno de los mencionados articula el movimiento del trabajo de Mercedes. En suma, su trabajo demuestra empatía y respeto al otro.

 

Ella misma lo confirma cuando reflexiona que debemos, “mirar al otro con respeto, compartir sin egoísmo y desear que el otro también triunfe”.

 

Tiempo de brindis

 

Actualmente, la Señora Vid es CEO del Vivero Los Viñedos y del Fundo Bravo. Desde Piura (o Chincha), junto a su hijo Juan José, es un ejemplo de cómo los sueños pueden volverse un delicioso fruto si uno aprende a cosecharlos con rigor y pasión.

 

Así, antes del brindis final, invito a que los interesados en descubrir el mundo empresarial peruano se sumerjan en estas páginas, que inspiran y motivan a sembrar incluso en lugares imposibles.

 

Son épocas retadoras para todos los peruanos. Lo sé. Hoy que muchos piensan en irse al extranjero vale la pena recordar la hazaña de doña Mercedes Auris: ella nos enseña que el Perú también es tierra para sembrar, cosechar y triunfar.

 

 

***Por Julio Barco Ávalos.

**Imagen de Portada: Tomada de Portada del libro Mercedes Auris de Munive en Señora Vid (Grijalbo, 2026).

*Imágenes: Difusión

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